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domingo, 8 de junio de 2008
0:18:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito

El matrimonio antes y después del pedo


No al pedo sin consentimiento

No, no es broma. Tampoco es que voy a cambiar de tenor en mi forma de comportarme y empezar con lenguaje prosaico y peyorativo. Para nada. Nada más alejado de la realidad que esas probables  aseveraciones. La cuestión es que, les parezca o no posible o verídico, el matrimonio suele dividirse en dos etapas claramente marcadas, de entre las muchas etapas que tiene, y que tienen que ver con la diversificación gaseosa de uno: el pedo. Pedo, flatulencia, ventosidad, curda, melopea, merluza (de estos últimos no estoy seguro porque recién me entero que son sinónimos), como quieran ustedes llamarles, sabemos y hemos comprobado que se presentan en diversidad de tonalidades (sonidos) y aromas (obvio). Algunos nos recuerdan graciosamente eventos de nuestra niñez o juventud (si uno es mayor), como también nos recuerdan pasajes crudos de la vida como las guerras y las pestes; los menos afortunados se ponen a pensar que mejor estarían muertos a estar oliendo lo que están oliendo en este momento.

Secretos a voces

Vamos, todos sabemos que controlar el esfínter anal para evitar la salida no deseada del "eructo que no encontró el camino correcto" es nuestro último recurso, pues antes de eso le hemos sentido navegar por nuestro intestino delgado, por los miles de recovecos existentes, así como pliegues, hasta que inexorablemente encontró la salida y no hay forma de disiparlo en silencio y sin que alguien se percate de su presencia. No, normalmente está asociado a un grado de vergüenza que a la distancia nos podrá parecer gracioso y hasta divertido, pero en la práctica es una mancha en nuestra hoja de vida, más bien un aroma del cual no podremos zafarnos fácilmente. La opción más decente es que al entregar el cuerpo y alma al creador hayamos tomado las previsiones de ser cremados para así evitar contribuir con el efecto invernadero de alguna forma (supongo). Y sabemos también, porque todos lo hemos vivido en algún momento, de lo doloroso que es privarle de la salida a este conjunto gaseoso nada gracioso. Vaya que duele. Como sea, ¿qué tiene que ver esto con el matrimonio?. Pues simple. Cuando uno se casa, por lo general antes de, la pareja ya ha tenido intimidad más o menos frecuente y sabrosona, así como deben haber pasado algunos días juntos con sus respectivas noches. Pero ahora que es para toda la vida (duro pero cierto, al menos es el deseo de la mayoría el que dure para siempre o hasta que se muera la pareja primero y no uno), pues compartiremos muchas manías, como son el cortarse las uñas de los pies en la cama, el rascarse ciertas zonas no muy sociables, el hurgarse la nariz y por supuesto el dejar libre uno que otro pedo.

sorry

Y veamos el punto. Uno al casarse esta contento (por lo general) y desea iniciar la nueva vida de casado de manera pulcra y sin contratiempos. Por ello buscará ocultar los defectos naturales de uno a su pareja lo más que pueda. Se comportará como una dama o un caballero (según sea el caso o intermedio si es necesario) siendo educada/o en la mesa, buen(a) compañero/a de juegos, demostrar que se posee un léxico amplio y variado, y por supuesto evitar que los aromas internos salgan en el momento menos apropiado. Y uno lucha contra ello. Se escurre, esconde, fuga y trata disimuladamente de ausentarse para dar rienda suelta a la euforia anal (no lo mal interpreten por favor). Pero todo llega a su final y en algún momento, uno de los dos va a soltar los aires de nostalgia (una alegoría coloquial para no decir que uno suelta el o los pedos) y ahí cambia la cosa. La pareja se muestra sorprendida e indignada por este hecho tan irreverente y desconsiderado que no encuentra otra forma que retribuirle el gesto, a veces en el mismo momento, desatándose entones un dúo constante de alientos contraídos. Y desde entonces, ambos no sólo saben mejor a que huele el otro sino que se sientan tan pero tan relajados que ahora entran en la habitación al compás rítmico de los sonidos nada aflautados de sus flatulencias. Total, hay confianza. A que no es así, ¿ah?. Medítelo y buenas noches (aquí son ya las 00:14am del Jueves 5 de Junio).

P.D.
Por cierto, esto es sólo un ensayo sobre una idea. Pero de que algo de verdad tiene es inobjetablemente cierto. ¿O estoy equivocado?. Espero sus comentarios.


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