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miércoles, 5 de diciembre de 2007
21:53:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito

Los periodistas y su verbo


Siempre he creído que era ser uso apropiado de lenguaje en el idioma que uno hable, es más que un signo de cultura sino una necesidad, más bien una obligación, cultivarlo para lograr transmitir mejor nuestras ideas a los demás. Es claro que cada profesión tiene su propia jerga o hábitos de expresión coloquial, y que algunas profesiones promueven e incentivan el investigar más sobre el uso correcto de lenguaje, ya que es prácticamente una herramienta para ellos. Es claro qué otras profesiones no lo requieren tan enfáticamente, pero siempre es un elemento que será útil por decirlo de una manera sencilla.

Dentro de esas profesiones, siempre consideré que los escritores en general son los que gozan de un dominio amplio y rico del lenguaje. Sean literatos, novelistas, escritores de guiones de teatro o cine, y por supuesto los periodistas. Y es en esta última profesión donde he encontrado, al menos en mi país, situaciones reiterativas de vicios que parece en están sumamente arraigados en el medio.

El ejemplo más común y frecuente proviene de la expresión "valga la redundancia" cuando lo que quiere realmente decir es "valga la reiteración". Según la Real Academia Española de la Lengua, la definición para la palabra a redundancia es la siguiente:

redundancia.
(Del lat. redundantĭa).
1. f. Sobra o demasiada abundancia de cualquier cosa o en cualquier línea.
2. f. Repetición o uso excesivo de una palabra o concepto.
3. f. Cierta repetición de la información contenida en un mensaje, que permite, a pesar de la pérdida de una parte de este, reconstruir su contenido.


mientras que para la palabra reiteración, este es el de significado que encontrado:

reiteración.
(Del lat. reiteratĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de reiterar.
2. f. Der. Circunstancia que puede ser agravante, derivada de anteriores condenas del reo, por delitos de índole diversa del que se juzga, en lo que se diferencia de la reincidencia.


Una referencia a este punto no encontré en el blog El Castellano Actual donde se realiza un análisis muy detallado sobre el tema. La primera vez que me percaté de este detalle, el de usar la palabra a redundancia en vez de reiteración, fue durante un programa televisivo local, hace ya varios años y la verdad no recuerdo ni en qué canal ni el nombre del programa, en que se entrevistó a la señora Martha Hildebrand, una de las más reconocidas lingüistas de mi país, que hizo justamente esta observación.

Y desde entonces empecé a tomar más en cuenta la forma de expresarse de los periodistas, principalmente de los entrevistadores de los que van "al campo" y hacen entrevistas en vivo. En este último caso es tristemente ver con mucha frecuencia, si es que no es siempre, que cuando entrevistan a una persona que claramente está pasando un momento dramático y doloroso (generalmente la pérdida de un ser querido) y lo asaltan con la pregunta "¿qué siente? ¿Qué piensa de lo que le está pasando?". Tamaña calidad de preguntas solamente me pueden hacer pensar que el entrevistador carece no sólo de sentido común sino de criterio y emociones básicas, por no decir la falta completa de respeto.

Y no es que esté defendiendo el uso de un lenguaje puro y académicamente correcto, sino que estoy en contra de que se delegue la responsabilidad de comunicar una noticia a personas que todavía no tienen la capacidad ni la experiencia para poder evaluar una situación y poder realmente mostrar la noticia en su dimensión justa y no exagerada. Hay muchos locutores y entrevistadores que hacen gala con desfachatez de los errores que cometen, y esto lejos de marginarlos me parece que presentó una alternativa mucho más real y honesta, pues si uno se equivoca lo normal es que busque corregir o enmendar dicho error en la medida de que esto sea posible, no importando si es en vivo o en diferido. Este tipo de estilo tan mundano y desfachatado me parece que es una tendencia que si es bien llevada, puede llegar a representar una nueva forma de comunicar.

Las comparaciones son siempre incómodas, por lo menos, pero nos ayudan a establecer parámetros y sobre todo a cultivar el rango de criterios con que juzgaremos los hechos que nos toquen vivir. Otros noticieros disponen, de otros países, de narradores y locutores que logran transmitir una naturalidad envidiable, que pocas veces se equivocan y esto porque no atropellan las palabras ni las ideas, sino que las plantean con calma y cuando se equivocan lo corrigen tan naturalmente que lo último que uno se pone a pensar es en la equivocación ocurrida.

¿Será posible enseñar en las universidades e institutos superiores el cómo comportarse ante una noticia para no distorsionarla ni mucho menos degradarla?. Todos empezamos equivocándonos, esto es bien sabido, pero también debemos de empezar a aprender a corregirnos y mejorarnos sin tener la necesidad de escuchar una crítica dura y constante. Es mi anhelo que algún día ya no me avergüence el ver cómo todo los noticieros televisivos muestran la noticia de la manera como la muestran hoy en día, sin respeto, sin criterio y sin tacto.

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