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domingo, 21 de octubre de 2007
14:02:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito

Cuento 4: La tiza negra


“...Pero mueren contentos,
porque creyeron tener alas.”
Amado Nervo


¿Y por qué no?. Si las hay blanca, rojas, azules, verdes. ¿Por qué no, entonces, de color negro?. Pues sea como fuere, aquí estoy y eso no lo puedo cambiar. La interrogante que me planteo es respecto a mi futuro. ¿Estaré entre los inquietos dedos de un científico?. De ser así, tal vez de forma a un nuevo invento revolucionario.
A lo mejor es un arquitecto. Entonces tal vez brinde hogar a una familia.
Es tan emocionante el pensar en tantas posibilidades. Aunque lo único que pueda hacer ahora, es esperar.
Todo es silencioso. Mis hermanas también están tensas. Pero todas estamos ordenadas. Aguardando el inicio de nuestro fin físico.
¡Miren!. ¡Están abriendo el techo!.
¡Miren!. ¡Una mano esta acercándose!. ¡Y es grande!.
¡Soy yo!. ¡Soy yo la elegida!. ¡Viva!.¡Viva!.
Oh, me ciega la luz del exterior. Cuántos colores. No imaginé que pudiera haber tantos colores diferentes. Son magníficos. Soberbios.
-Mira que ridículo. Una tiza negra. -exclamó uno. -Creo que debe estar sucia.
-No...- intervino otro. -realmente es de color negro. Raro, ¿no?.
¿Raro yo?. Uds. están equivocados. Yo soy tan útil como mis otras hermanas. Sólo busquen una zona sólida de color claro.
¡Hey!. ¿Que van a hacer?. ¡No!.
¡Crack!
-Te voy a lanzar una granada. -dijo el primero tirándole a su compañero un pedacito de la tiza. El apéndice de color negro atravesó el espacio y cruzo el umbral de la puerta.
-¡Niños!. Ya les he dicho una y mil veces que no tiren cosas dentro de la casa. -exclamó una voz autoritaria, acompañada de pasos ligeros y seguros.
-¿Viste?. De seguro que nos castigan... -dijo uno al tiempo que tiraba el resto de la tiza por la ventana.
¡Auxilio!. ¡Las tizas no volamos!.
¡Pum!. Caída sin orgullo, pero tampoco con dolor, por supuesto. ¿Dónde estoy?. El piso es frío y gris. Granulado. Humm....
Otro humano. Este es más grande. Ojala que mi suerte se aclare. Sólo mi suerte.
¡Me vio!. Eso es. ¡Arriba!. ¡Hey!. No te burles, que tengo orgullo.
-Qué curiosa tiza. Debe estar sucia. Bueno, si estaba frente a este edificio, les daré un escarmiento por arrojar basura. Les dejaré un mensaje. -dijo el humano.
¡Eso es!. Protesta, escribe tu audaz mensaje, que yo me aseguraré de ser de color firme y definido. Veamos, esto es...
¡Ah no!. ¡Groserías no!. ¡Detente!.
-Espero que aprendan a no tirar basura, cerdos... -dijo el humano al tiempo que tiraba la tiza, para hacerla caer en un contenedor. Pero la tiza pasó rauda y cayó al otro lado, rodando por el camino hasta detenerse en la orilla de un charco.
La tiza empezó poco a poco a deshacerse.
¡Ayúdenme!. Yo no sé nadar. Es más, no soy compatible con los líquidos.


La tarde cayó con su manto otoñal. El peregrinar a los hogares y refugios había comenzado. Mientras que unos regresaban, otros salían. Habitantes de la noche. Uno de ellos era un humano que no podía caminar y que su aspecto era motivo de burlas y miradas evitadas.
Fue este humano el que, por el tacto me encontró. Bueno, lo que quedaba de mí.
Que existencia más desdichada. Como extraño a mis hermanas. Ellas si que tienen suerte. Con sus colores lograrán llenar los vacíos encontrados. Que pena siento de mi actual apariencia. Soy mitad tiza, mitad papilla negra.
¡Ah no!. Otra vez no. Este humanoide no me tomará. Si tan sólo pudiera moverme. Dios mío, ayúdame.
-Un pedazo de carbón. -exclamó el humano.
-Carbón no. Tiza, so bruto. ¿Es que no puedes distinguir uno de otro?. ¡Hey!. Suéltame...
-Pero si es una tiza negra. Debe ser única en su tipo. ¿Cómo llegaste a este muladar?.
-(No lo creerías humano.)
-Queda tan poco de ti. Pero, yo como tú, también tengo poco de mí. Tal vez hoy él frió y el hambre gane la batalla no declarada, iniciada hace mucho. Pues antes de que eso suceda, voy a dejar mi huella en este mundo.
-(Lo que me faltaba. ¡Un fanático!. Si ese es mi destino de tiza, ni modo.)
Y el humano se arrastró hasta un muro claro. Lo limpió con su mano. Le quitó un poco de polvo. Pensó unos instantes. Quedaba poco tiza. -¿Qué escribiré?. -pensó.
Su sucio rostro pareció limpiarse un poco, gracias a su sonrisa tosca.
Escribió.


Ya en la mañana, las hermanas del convento encontraron a un mendigo muerto en el costado de la capilla, del lado de la vereda olvidada.
En su mano había una especie de pasta negra. Como betún.
En el muro, sólo tres palabras: No me olvides.

*****


miércoles, 3 de octubre de 2007
14:00:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito

Cuento 5: Transposiciones


“Que las rosas tengan espinas es la
desilusión de los que sólo saben
soñar mal; que las espinas tienen rosas
es la verdad de los que saben hacer bien.”
Benavente


El regresó a casa después de mucho tiempo. Realmente ha pasado mucho tiempo. Verdaderamente le he extrañado. Le he necesitado tanto...
Sí. El tiempo le ha favorecido. Está más corpulento y fuerte. ¿Le seguirá atrayendo la soledad?. Recuerdo que cuando estudiábamos y no conseguía concentración, yo le permitía ejercer cierto dominio sobre mí. Veo que sigue llevando el mismo sobretodo de lino. Esa mascada beige es distinguida.
Y un bastón. -¿Qué te sucedió?.- pregunté.
-Estoy viejo, mi amigo. Estoy cansado para soportar mi peso mucho tiempo. Yo te veo igual. No has cambiado.
-Ya lo creo. ¿Por cuánto tiempo vienes en esta oportunidad ?.
-Hasta que Dios lo decida. ¿Sabes?. Dicen que tengo un “huésped” en mi médula que me dormirá en dos o tres semanas.
-Ya veo. Vas a morir.
-Sí.
-¿Puedo hacer algo por ti?.
-Por ello he regresado. Deseo trabajar contigo otra vez. Me gustaría estudiar esa obra que nunca pude terminar. ¿Podrías secundarme?.
-Creo que sí.
-Bien. Eso es bueno.
Es una verdadera pena. Un espíritu como él, terminar de esta forma. Debe ser una última prueba. No creo que en dos semanas o tres pueda terminar la sonata de Beethoven. La empezó dos veces. Nunca pasó del trino doble de la mano derecha. Veamos que sucede en esta oportunidad.
Veo que sigue gustando del café sin azúcar. Hay hábitos que nunca cambiarán.
-Veamos, -dijo - ¿Cómo empezaba?.
-Octavas.
-¡Claro!. Esta vez las ejecutaré con una mano.
Sonaron fuertes pero tímidas al mismo tiempo.
-¿No sería mejor tocarlas con las dos manos? .Sonarían más seguras... -sugerí.
-No. La dificultad técnica tiene en sí un valor expresivo inherente.
Como ha madurado. Su pensamiento ha evolucionado más de lo que esperaba. Magnífico sonido. Si, en esta forma si tiene sentido. Unidad.
Estudiamos dos horas. Para sorpresa mía, avanzamos 20 compases. Buena cosecha. Maravillosa.
-Debes tomar un largo descanso. Ni bien llegaste y te pusiste a estudiar.
-Tienes razón. Me olvidé que ya no soy muy joven.
-¿Qué edad tienes?.
-53.
-¿Y ya estas “tan” viejo?. Yo tengo ...
-Muchos más que yo. Lo sé.
Preparó una cena muy sabrosa. Olvidé lo buen cocinero que eres. En verdad no aparentas tu edad. ¿Qué experiencias habrás vivido que te envejecieron y minaron tanto?. Como lamento no haber estado a tu lado. Pero no puedo caminar. Nunca pude hacerlo. Te entro modorra. Bueno. Duerme amigo. Lo necesitas.


Con la primera luz le vi llegar. Han pasado cinco días desde su llegada. Inclusive me aseó para que me sintiera mejor. Es tan noble. ¡Y como ha avanzado!. No sólo término el primer movimiento, sino que ya estudió el tema de la arieta y tres variaciones.
A este paso, pronto estaremos frente a frente con el trino.
-He tomado una decisión. Voy a saltar el trino. Lo estudiaré luego. Al final....
-Si así lo deseas. Tú sabrás. -exclamé escéptico.
-Créeme. Sé lo que hago.
Y efectivamente, sabía lo que hacía. Trabajamos de seis a ocho horas diarias. Comentábamos logros al final de la tarde. Sonreía como niño cuando vencía una dificultad. En una oportunidad, saltó como si montara caballito al terminar la cuarta variación. En otra oportunidad, se reclinaba sobre mí y lloraba.
-Es el dolor, -me decía, - no es mucho pero me recuerda el poco tiempo que me queda.
Le consolaba. Al menos trataba.
Yo que vi morir a su abuelo, a su padre, a su hermana, aún no entiendo lo que es el dolor, la agonía sin la muerte.


Los últimos dos días no hemos podido estudiar debido a su enfermedad. La sonata estaba terminada. O casi. Faltaba el trino.
-Hoy es el día. -exclamó -Siento mis fuerzas abandonarme.
-Lo siento también. Siento tus fuerzas minarse.
-Ven. Lo vamos a intentar.
-Claro.
Sentado, ligeramente ladeado. Me miró con mucha nostalgia.
Empezó a tocar.
Las fuerzas luchaban. El torbellino de pasiones brotó de sus manos. La angustia comandaba el ataque inicial. Por unos instantes su sonido pareció llenar toda la mansión, la pradera.
Casi al final del primer movimiento, tembló y dejó que la Fe entrara en el esfuerzo. Finalmente, la luz venció y pudo entrar en el universo de emociones.
Tomó aliento antes de empezar el segundo movimiento.
Dolor. Resignación ante la naturaleza.
Dolor. Soledad. Ese inacabable buscar en Ti, en mi, en Dios. Si sólo es humanidad.
¿Por que será?.
Seamos así, amemos. ¿Dónde estas tu, mi Dios?. Hoy te necesito, necesitamos.
Que delicado es tu sonido. Tú no te has dado cuenta, pero afuera, la naturaleza ha tranquilizado a sus hijos para oírte. Divina música.
Pero mi tensión crece.
Llegaste, perdón, llegamos al trino.
Te reclinaste un poco sobre mi. Siento tu bondad. Los ejecuta tan dulcemente. No hay dificultad manifiesta.
¡Venciste!. ¡Lo lograste!.
Pero, seguro es que con el final de la sonata, tu vida termine.
Tengo que hacer algo. Algo.
-Me muero... -murmura faltando cinco compases.
-Termina la escala. ¡Hazlo!. -exclamó angustiado.
-¡No podré!.
-Si podrás. Por ti, por tus padres. ¡Por mí!.
-Sí, por ti. Mi entrañable amigo.
Ejecuta la escala descendente, y entabla el diálogo final.
Penúltimo compás. Último, primer acorde. Sus octavas lloran. El último acorde. El silencio.
Lo logró.
Estiro angustiado mis brazos para recibirle. Al menos lo intento... Él está llorando. Tiene miedo.
-Tengo miedo.
-No temas. Entra en mi.
-¿Cómo?.
-¡Entra en mi!.
-¡Ayúdame!. Sólo no puedo.
-Ven. Aquí tendrás paz.
Un ligero dolor. Un suspiro. Un resplandor fugaz.
Todo término.


Al amanecer, la luz invade la sala. Nos despierta. Abrimos los ojos. Somos uno ahora y nadie nos podrá separar.
-¿Conque esto sentías?.
-Sí.
-Es hermoso. Maravilloso.
Y en la sala, sólo había un piano de cola.

*****


martes, 2 de octubre de 2007
15:42:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito
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