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jueves, 30 de agosto de 2007
13:53:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito

Cuento 10: El último movimiento


“El encanto de la belleza estriba
en su misterio; si deshacemos la trama
sutil que enlaza sus elementos, evapo-
rase la esencia sola.”
Schiller


Querida Madre :
Cuando recibas esta carta, debo estar terminando mi gira por el vecino continente. Me ha ido muy bien. No obtuve primeros premios, algunos segundos, y eso si, muchas críticas favorables. Consideran que tengo un toque delicado y una musicalidad exquisita. Sin embargo, ha sido el contacto con nuevos pueblos, nuevas costumbres, lo que más he disfrutado.
Se que nunca pudiste entender la fuerza vital que opera el arte en mi. Siempre he creído que debió ser como sobrevivir en regiones desconocidas para ti.
Pero te prometo que todo esto va a cambiar. Así como la música es mi elemento vital de existencia, esa misma fuerza vital me ayudará a construir un jardín de dulce remanso para ti, donde puedas dedicarte al arte del descanso y el descubrimiento interior.
Madre, ten presente que el ayer es sólo un recuerdo, el mañana, una turbia visión y que estos dos estados dependen del presente. Sólo un presente bien vivido te podrá proporcionar un bello recuerdo y una agradable visión.
Y yo espero poder ofrecerte un buen presente con muchos motivos y muchas acciones.
Tu me diste tus mejores años, y tus dulces sueños. Hoy, en posesión de lo mejor de mí, voy a ofrecerte todo lo que mi espíritu ha podido cosechar. Hoy vuelvo a tus entrañas, a tu corazón. Hoy tendré la edad, tu edad ideal de niño.
Porque hoy te amo más que ayer y menos que mañana.

Te extraña,
Tu Hijo.



Querido Hijo :
Espero, y por ello le rezo a nuestro Padre, que esta carta te llegue a ti antes de que empieces tu retorno, pues no estoy segura de la dirección que me diste.
Los dias que has estado ausente, me han permitido que pueda reflexionar mucho en lo que han sido nuestras vidas. Recordaba, cuando aún niño, devorabas las tartaletas, con una velocidad increíbles. Decías que eran invasores del centro de la tierra y que tu los pulverizabas en tu boca. ¿Lo recuerdas?. Espero que si. Y también espero que los recuerdes con alegría y no como yo.
Yo los recuerdo con tristeza.
Tristeza porque ya no te puedo abrazar todo con mis brazos. Has crecido, y también te has marchado. No te lo reprocho, mi bien. Sólo que cuando más lo pienso, más me cuesta.....Hijo, te amo mucho y solo espero el momento de estrecharte en mi regazo.
Cuídate mucho, hijito mío,
Tu Mamita



El cartero camina tranquilo hasta el edificio de habitaciones. Es pequeño, de tres plantas. Entra y saluda al portero.
-Buen día, caballero. ¿Cómo le esta tratando la vida?.
-Buen día, amigo mío. La vida, en lo estrictamente personal, me sobrelleva. Pero, quisiera morir pronto...
-¿Por qué?. –exclamó el cartero mientras ponía al suelo su cartera con sobres. Conocía el ánimo del portero, siempre criticando la existencia de todos, y lamentando la suya.
-¿No se enteró?. El hijo de la Sra. del departamento chico, pobre, murió en un accidente aéreo. El avión se estrelló y nadie, nadie pudo sobrevivir.
-¿El músico?. ¡Caramba!.
-Y eso no es todo. Hace tres dias, la Sra. falleció de un mal del corazón, tengo entendido.
-¡Por los clavos de Cristo!. Que tragedia. Y como es la vida, mire Ud. -dijo cariacontecido el cartero, tomando una carta de su cartera, -Esta carta la envió la Sra. a su hijo, ya ha sido devuelta por tener el destinatario con dirección equivocada. Debí de trérsela ayer, pero estuve algo delicado de salud, y decidí tomar cama.
-Que curioso. Cuando sus familiares cerraron el departamento, vino un mensajero privado y dejó un sobre para la Sra. Yo lo arrojé por debajo de la puerta. Haré lo mismo con el suyo.
-Que tragedia, mi amigo, que tragedia….

El sobre se deslizo por debajo de la puerta. Cerca a él, había otro con sellos de vecino continente. Por la ventana entreabierta, entró una suave brisa. El primer sobre se movió ligeramente. Pero el otro, yendo contra la corriente, se movió y cayó encima del primero.
Al contacto, se formó una nube de luz muy intensa, deslumbrante. Tomo forma paulatinamente. Se hizo más grande y brillante, cegadora. Mágica. Finalmente, se formó una gaviota blanca como espuma de mar.
Aleteó suavemente en dirección a la cocina. Se detuvo en el respaldar de una silla de madera, y se mantuvo quieta por unos instantes. Divisó una tartaleta sobre la mesa. Planeó hacia ella y la picoteó un poco. Escondió después, su pico debajo de una ala. Aleteó nuevamente, esta vez con mayor vigor, hacia un ropero sin puerta, donde se guardaba un moisés de paja, pálida por el paso del tiempo.
La gaviota soltó un dulce sonido, indescriptiblemente bello.
Y voló rauda por el cielo, a través de la ventana, en busca del mar, y la brisa arrulladora.

*****


lunes, 13 de agosto de 2007
13:51:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito

Cuento 11: Molto perpetuo


“La atracción del peligro radica en el
fondo de todas las pasiones profundas.
No hay voluptuosidad sin vértigo.
El placer mezclado de temor embriaga.”
Anatole France


Mi historia se remonta a la época de los sonidos indefinidos, cuando el sonido tomaba forma y color. Mi nombre es Ishtar Epras, el generador de épocas y mundos, de universos y del tiempo, nombre dado por los supremos sacerdotes. El nombre mundano que se me dio fue el de “El que no Siente”.
Soy un ídolo de bronce forjado. Mi forma es la de tres triángulos unidos por un lado común, formando una suerte de estrella de tres picos, con tres cavidades triangulares. Mis adoradores fueron muchísimos. Pero mi era llegó a su descanso. Mi templo fue absorbido por la jungla natural y la artificial. Estuve oculto a los ojos inteligentes por espacio de varios sueños.
Hasta hoy.
Porque hoy es el momento de despertar…

El arqueólogo, delicadamente logró retirar la primera piedra. Un ligero sonido, casi imperceptible, trajo la sensación, más perceptible, del primer aire, de la inhalación de vida que tomó la bóveda en su brusco despertar. Al asomarse, no pudieron distinguir mucho. Minutos después, cuando la vista recuperó su presencia, lograron entrar con confianza, y algo de temor inexplicable en personas de tanta experiencia. El recinto era austero, pero imponente. Dos canastillas de soga y una piedra con lado llano, donde descanso, donde duerme el Ishtar Epras, el que no siente.
-Creo que esto no es lo que buscábamos, -dijo el guía.
-Yo creo que si lo es. -respondió el arqueólogo.
-Pero no es lo que esperaba. Es decir, esto es muy pobre para ser el templo de alguien, de lo que fuere..-dijo la mujer, vástago intelectual y carnal del explorador, de profesión similar.
Al levantar la tapa de una de las canastas, se vio el contenido : algunos pergaminos en blanco. El otro canasto tenía varias varillas de cedro, tan delgadas como un lápiz.
El arqueólogo se acercó a la piedra y observó el ídolo de bronce. No tenía inscripciones en su superficie. Sacudió el polvo con delicadeza, como pidiendo permiso.
-Extraña forma para un ídolo, padre.
-Aún dudo que este sea el lugar, Dr. -exclamó el guía, apoyándose en la pared más cercana.
-¿Qué es esto?. -exclamó la mujer acercándose al guía. Al costado suyo, en la pares, se veía una silueta en bajorrelieve. Acercó la lámpara para observarlo mejor.
La mujer ahogó un grito.
La silueta era idéntica al guía.
-Es increíble -dijo el guía al mismo tiempo que se acomodaba a la silueta.
-¡No lo haga!. -gritó angustiado el Dr., estirando su brazo para sujetar al guía. Pero el guía fue literalmente tragado por la pared. Extrañamente la silueta, paso de bajo a altorrelieve.
-¡Chico!. -exclamó la mujer mientras miraba sorprendida la silueta, -¿Logras escucharme?.
-Si Srta. -resonó una voz en la bóveda, sin poder determinar su punto de origen. -¿Por qué es que esta Ud. gritando, si estoy frente suyo?.
-Pero si fuiste tragado por la pared…..
-¿Cómo?. Pero si aún no hemos entrado.. ¿Qué es lo que esta sucediendo?.
-Pero si….. -balbuceó la mujer, con un aire de desorientación muy marcado.
-Srta., ¿Se encuentra bien?. Se ha puesto pálida.
Ni el Dr. ni su hija daban crédito a lo que estaban escuchando. El guía había desaparecido. Eso era un hecho. Pero donde quiera que el estuviera, parecía haber retrocedido en el tiempo. No obstante el Dr., adoptando una postura serena y concordante con el clima de desconcierto reinante, formuló una pregunta.
-Muchacho, dime, ¿qué es lo que sostengo en mi mano derecha?. -dijo al mismo tiempo que levantaba una de las canastas.
-Pues una canasta. Dr., por favor…
¿Cómo era posible que el guía estuviese viendo un objeto que no tenían antes de entrar en la bóveda?. Pero era definitivo que los podía ver. Pero, ¿desde donde?.
-¿Por qué su asombro Dr.?. -inquirió el guía.
-Escucha bien muchacho. Mi hija y yo estamos dentro de la bóveda. Mueve la piedra del muro marcada con un triángulo.
-¡Pero si eso es lo que esta Ud. haciendo!.
-¡Padre!. ¡Mira detrás tuyo!.
Y efectivamente, en la pared opuesta a la de la silueta, una piedra fue retirada. Un rostro se asomó por el espacio dejado.
Era el Dr.
El Dr. que estaba en la bóveda lo miró (¿se miró?) incrédulo. Volvió la vista a la pared derecha por donde ingresaron inicialmente. Aún estaba abierto el pasaje. Su doble, ayudado por el guía, retiró una piedra más. La luz aumentó en el interior.
-¡Dios mío! -exclamó el Dr. ingresante.
-¡Padre!. -balbuceó la mujer que estaba afuera.
-Esto no tiene sentido. -exclamó el Dr. dirigiéndose a su doble en la reciente entrada.
Súbitamente el guía apareció por la segunda entrada, la recién hecha.
Y súbitamente también, la silueta cambió de forma. Sus brazos fueron marcándose más, hasta desprenderse de la pared, levantándose a media altura con las palmas enfrente. Su rostro mostraba agonía causada por un gran esfuerzo y dolor. El guía en la entrada empezó a temblar y sudar.
La silueta empezó a cambiar de alto a bajo relieve de manera intermitente. Como un latido.
De pronto, su cabeza y cuello, se proyectaron hacia adelante con fuerza. Se estaba empezando a desprender de la pared, de su nido. Con un movimiento brusco y enérgico de la cadera, su torso siguió en el esfuerzo, logrando el mismo éxito que sus partes anteriormente desprendidas.
Finalmente, todo su cuerpo logró desprenderse de la pared.
Los que estaban dentro, se resguardaron en una esquina, presas del temor a lo desconocido. A lo presentido. La entidad de barro camino torpemente hacia el Ishtar Epras. Lo tomó en sus manos. Lo levantó por encima de su cabeza, con el orificio central encima de él.
-¡Ishtar Epras, el que no siente ha despertado!. -gritó la forma.
Movió un triángulo doblándolo hacia dentro, repitiendo la operación con los dos restantes. Varios rostros agónicos aparecieron en altorrelieve en las paredes. Una luz rojiza invadió la bóveda.
-¡Ishtar Epras, el que no siente vive!. -gritaron en desordenada secuenca los rostros sin forma y con contornos.
Un ruido ensordecedor sobrevino, acompañado de una luz cegadora. Una explosión sacudió los muros.

Ahora, un hombre de edad madura y una joven mujer, caminan por el desierto asolador. Solitarios.
-¿Qué haremos ahora padre?.
-No lo sé. Debemos seguir buscando a los otros, si existen aún…
Atrás, en la arena, el que no siente descansa.
Lo cubre una fina capa de arena.

*****


viernes, 3 de agosto de 2007
13:47:00

Por cada comentario que haces, Dios salva un gatito

Cuento 12: El Pianista que tocó y nadie escuchó


“Donde la Poesía se detiene,
comienza la música.”
Alfonso Karr


Nunca pensé que el cuarto de la azotea estuviera tan sucio y lleno de objetos tan diversos. Mis abuelos viajaron mucho, y tenían la costumbre de traer recuerdos de los lugares donde estuvieron. El viejo baúl de cuero repujado por la polilla, cubierto de moho, despidió un suave olor a papel y tinta. Eran varios pergaminos, cuadernos y libros, sin color definido.
Todos eran, o bien grandes, o bien muy ornamentados.
Todos, excepto uno.
Este era chiquito y con muchas hojas. Estaba atado con una cinta negra. Por todo esto lo tomé y me asombré de lo pesado que era. Era muy pesado en verdad. Desaté la cinta y desenrollé las hojas de papel. Eran hojas de música, y dos cartas. Una era de mi abuela para mi Mamá; la otra, era un conjunto de nombre de libros, creo, u obras musicales.
Estuve ojeando la música y comprobé que eran para violoncelo, aunque parecía que formaba parte de una obra orquestal, por los compases de silencios que tenía.
Les quité el polvo y bajé con ellos a mi cuarto.
Yo toco un poco el cello, aunque mi fuerte es el piano. Saque mi cello y coloque la música en el atril. Afiné mi instrumento.
Tome el arco y toque unos compases. Melodía triste y sincera era la suya. Hasta tuve la sensación de que oía a la orquesta. Claro que mi imaginación era la que construía la forma. Pero con todo, el conjunto resultaba muy hermoso. Empezó un crescendo hasta llegar a un gran fortissimo.
Y repentinamente, el sonido lleno de la orquesta, retumbó en mi cuarto. Sentí el sonido golpear mi cuerpo. Caí de espaldas pesadamente (soy de contextura gruesa, no soy gordo). Estaba asombrado y algo aturdido. Que buena imaginación la mía, pensé. Sin embargo, al reincorporarme, tuve la sensación de que varias personas me estaban observando con curiosidad.
-Hijo, es hora de almorzar -llamó familiarmente mi madre. Dejé el cello y bajé al comedor. En la tarde continuaría.

Ya en la tarde, estando solo en casa, me puse a tocar el cello. Nuevamente llegó a mis oídos la bella masa orquestal de antes. Esta vez, sin embargo, no me dejé sobresaltar por el fortissimo. Toda la construcción musical era bellísima. Cerré mi ojos para una mejor concentración.
-Jovencito. Ud. , el novicio del violoncelo -dijo una voz autoritaria pero dulce a la vez.
Abrí mis ojos y di un grito muy fuerte, al tiempo que perdía, nuevamente, el equilibrio.
En mi cuarto, lo reconocí por las pareces, aunque su tamaño es ahora inmenso, se encontraba toda una orquesta. Y el que me dirigió la palabra, ¡era el Director!.
-Jovencito, -continuó hablando en su paternal tono, -Ud. esta desafinando y se sale del tempo. ¿Esta seguro que usa el instrumento adecuado a su talento o capacidad?.
-Esto no esta sucediéndome…-murmuré.
-Tal vez sepa tocar otro instrumento…
-El piano. -musité.
-Bien. ¿Entonces tocaremos un concierto de Brahms?. ¿Dónde esta el piano?.
-En la sala. Abajo.
-Bien, le esperamos. No tarde mucho por favor.
La orquesta se desvaneció paulatinamente, en degradé de colores bellos. Yo no podía creerlo. Sin embargo bajé. ¡Sorpresa!. (?). La orquesta estaba en la sala, ordenada como en una sala de conciertos. El piano estaba abierto y el Director al costado.
-¿Podemos empezar jovencito?. ¿Le parece el de Re menor?.
-Pero yo nunca estudié ese concierto, y además…
-Ya veo. Pero lo ha oído, supongo yo.
-Sí.
-Lo conoce, entonces.
-Sí.
-Eso es suficiente. Siéntese al piano y espere mi orden, por favor.
-Pero…
-¡Ah, ah, ah! -dijo el Director, levantando graciosamente un dedo.
Aún no se porque me senté. La música empezó. Me asusté, pues temía que el volumen atrajera a vecinos y curiosos. Pero nada pasó. Sin embargo, el pensar en estos detalles no me hizo olvidar mi parte. Lo sorprendente fue que empecé a tocar como un concertista.
¡Mis manos tocaban una obra que nunca habían estudiado!.
Su interpretación (hmm, la mía supongo), me resultó familiar.
Era un acontecimiento maravilloso. No podía creer que yo lo hacía. Miraba al Director y vi su gesto de complacencia.
-Hijo, ¿qué haces ahí sentado moviéndote de un lado a otro?.
-No lo ves, estoy tocando un concierto. -refunfuñé por la interrupción.
-Estas loco, loco. -rió mi madre. Yo miré al Director, y él me guiñó un ojo. Si hasta me obsequió una sonrisa. Cerré los ojos, como queriendo absorber el momento.
Al abrirlos, no podía dar crédito a lo que mis manos hacían en el teclado de nuestro piano de media cola. Levanto la vista. Por increíble que parezca (no mucho para mi), la casa no tenía ni techo ni paredes, solamente el piso le sobrevivió. Estabamos en medio de un claro de un bosque de enormes cipreses. Pero, como reitero, esto no me sorprendió. Bien podríamos estar en una tranquila playa, o en cualquier lugar del mundo.
Ahora, todas las noches bajo a la sala y ejecutamos un concierto diferente. Hoy es el turno de Mozart.
Ah, abuelitos……

*****

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